EL ARTE DE LOS TÍTERES EN LA ARGENTINA

ALGUNAS DEFINICIONES

por Adelaida Mangani

El Teatro de Títeres en la Argentina, se ha desarrollado principalmente en los últimos setenta años.

La iniciación del teatro de títeres en la Argentina, debe atribuirse a Javier Villafañe y a Mane Bernardo, quienes fueron, cada uno con su estilo, los que inauguraron la actividad en sentido profesional. Llamamos “profesional” a las representaciones que se realizan en salas teatrales o en espacios previamente determinados en forma comercial, o bien subsidiadas por el estado.
Ambos artistas tomaron caminos diferentes e influenciaron de diversas maneras a los artistas argentinos. Javier Villafañe se dedicó a la actividad itinerante auspiciada por las Municipalidades y Casas de Cultura de las Provincias, y generó una corriente ligada al espectáculo unipersonal y a la técnica de guante. La compañía de Mane Bernardo y Sara Bianchi, en cambio se instaló en salas teatrales haciendo temporadas breves con espectáculos que renovaban año a año y alternaban con actores y títeres.
Alrededor de los años sesenta, en la Ciudad de Buenos Aires, se crea una asociación llamada ATA, Asociación de Titiriteros de la Argentina, compuesta por numerosos artistas que se agrupan con carácter gremial y con el propósito de discutir los problemas de la profesión, las relaciones del trabajo con el Estado, y con los empresarios. Estaba formada entre otros por Otto Freitas, Javier Villafañe, Cándido Moneo Sanz, Cesar López Ocón, Juan Enrique Acuña, Roberto Espina, Roberto Blanco, Luis Claeyssen, Ariel Bufano. 
Años después esa agrupación se disuelve, cuando los titiriteros argentinos pasan a afiliarse a la UNIMA Unión Internacional de Marionetistas.
De aquellas discusiones participaba el joven Ariel Bufano, que ya se perfilaba como un artista talentoso y original, y que había aprendido los secretos del arte de los títeres con Javier Villafañe, a quien siempre reconoció como su maestro.
Bufano, preocupado por sistematizar el concepto de teatro de títeres, comienza por formular una definición, basada en las conversaciones que sobre dicho arte se mantienen en Ginebra alrededor de los cincuenta, en el Congreso de la Unesco sobre el Arte, la Cultura y la Educación. Esa definición establece que Títere es todo objeto movido en función dramática. Vemos que Bufano instala en este momento el concepto de objeto, que más tarde daría origen a nuevas denominaciones y polémicas. También aporta el concepto de acción dramática, muy importante puesto que con él diferencia al arte de los títeres de todas las definiciones que hasta el momento se manejaban según la tradición más antigua. Véase como ejemplo la definición que figura en el Diccionario de la Real Academia Española que reza: “Figurilla de pasta u otra materia, vestida y adornada que se mueve con alguna cuerda o introduciendo una mano en su interior”.
Bufano, quien prontamente comenzó a dedicarse a la docencia de títeres, primeramente con niños, en el Instituto Vocacional de Arte, y más tarde con adolescentes y adultos se vio ante la necesidad de sistematizar la transmisión de la disciplina, y eso dio inicio a una reflexión teórica que fue creciendo con los años y con la aparición de otros artistas y posturas filosóficas, que enriquecieron la discusión hasta el día de hoy.
Mas adelante Bufano agrega a la definición, la diferenciación de objeto antropomórfico o no, para oponerse claramente a aquellas concepciones que definen al títere como figuras o muñecos. Dicha definición, quedaría expresada entonces de la siguiente manera: Títere es todo objeto, antropomórfico o no, movido en función dramática
En consonancia con esa innovación, en la actualidad, y en el marco del Taller-Escuela de Titiriteros, nos ha parecido que también resulta pertinente modificar el verbo movido, ya que “mover” remite todavía al viejo concepto de “mover los títeres” o “manipularlos” ambos referidos a un solo aspecto técnico de la interpretación. Se propone, pues, incorporar la acción de dar origen, es decir el verbo originar, la acción dramática. Como último agregado, y avanzando un poco más, ampliar la definición incorporando la creación de reglas espacio-temporales propias del lenguaje de los títeres. 
En consecuencia y sin que esto no signifique mas que una indagación exploratoria podríamos definir entonces el arte de los títeres de la siguiente manera: El títere es todo objeto, antropomórfico o no, generador de acción dramática y de reglas espacio-temporales propias.Reglas espacio-temporales que dan origen a la creación de una cosmogonía, que es en definitiva, el fin último de la obra teatral. 
En otro orden de cosas pero absolutamente coincidente con la búsqueda de sentido que nos impulsa, queremos recordar la definición que, con pocas palabras pero con mucha sabiduría, nos da nuestro querido Federico García Lorca en su obra “La zapatera prodigiosa” sobre el oficio del titiritero. Nos dice: “es un trabajo de poca apariencia y de mucha ciencia. Enseña la vida por dentro”. 
En el mismo sentido no queremos dejar de mencionar tampoco, la poética y profunda definición de Javier Villafañe, quien solía decir: “el títere nació en el primer amanecer del mundo, cuando el hombre descubrió por primera vez su sombra y vio que era él y al mismo tiempo no era él”.

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