EL REGRESO DEL JOVEN PRÍNCIPE

DE ALEJANDRO ROEMMERS.

PROPUESTA DE TEATRALIZACIÓN 

CRISTINA PIZARRO


INTRODUCCIÓN

En la novela El regreso del joven Príncipe de A.G. Roemmers se conjugan el relato mítico y lo maravilloso para dar cabida al viaje del héroe que realiza su travesía en el mundo contemporáneo, buscando la salvación del hombre a través del amor. Mediante la personificación de elementos de la naturaleza, fundados en el diálogo, el joven príncipe regresa a la tierra con un mensaje de esperanza. 
Con el propósito de que los lectores infantiles expresen sus sentimientos, pongan en ejercicio su capacidad para la reflexión crítica y conquisten auténticos aprendizajes de vida, sostengo que la teatralización de este texto se podría erigir en una de las propuestas didácticas más integradoras, en tanto convergen los distintos lenguajes: desde lo gestual- corporal hasta lo visual y sonoro.

PERFIL DE LA SOCIEDAD ACTUAL

Estimo oportuno considerar algunos aspectos de reflexión vertidos por Alain Touraine, en Crítica de la modernidad, en donde toma como punto de partida que el hombre es lo que hace y que, por lo tanto, debe existir una correspondencia cada vez más estrecha entre una producción eficaz generada por la ciencia, la tecnología o la administración, y al mismo tiempo, una organización de la sociedad mediante la ley y la vida personal. Se puede notar que surge, así, el triunfo de la razón que establece, pues, una relación entre la acción humana y el orden del mundo. De ese modo, es la razón la que anima la ciencia y sus aplicaciones, y es también la que dispone la adaptación de la vida social. La humanidad, en ese sentido, al obrar según las leyes de la razón, avanza a la vez hacia la abundancia, la libertad y la felicidad.
El libro es muy rico en situaciones con las que los niños se podrán sentir identificados, por ejemplo, por el deseo de descubrir otros espacios, conocer los rasgos de otros seres, atravesar dificultades y encontrarles una solución. De modo tal, que la lectura comprensiva, la interpretación y la creación de nuevos discursos, ya sea en la forma escrita como a través de la expresión dramática, fomentará una actitud de apertura para adentrarse en la complejidad del mundo de la sociedad moderna y postmoderna.
En este fluir múltiple de cambios, nos encontramos con una sociedad compuesta de diversidades, donde coexisten el aquí y la otra parte, lo antiguo y lo moderno.
Es posible, entonces, que aparezca un interrogante: ¿cómo reinventar la vida social que se manifiesta en un estado de disociación completa entre el sistema y el hombre, y, en donde, el sujeto, muchas veces, se disuelve porque se siente desligado de la identificación con sus propias obras?
Importa, por consiguiente, hacer hincapié en que el hombre no debe renunciar a vivir de acuerdo con su naturaleza, ya que buscará siempre orientarse tanto hacia el orden estético como hacia el orden moral.
El concepto de naturaleza, como el de razón, tiene la función primordial de unir el hombre con el mundo de una manera dinámica, que le otorga al proceso social una función creadora.
Se debe señalar que en el grupo social se constituye una fuente de valores y de allí emana que el ser humano sea un actor social definido por los papeles que cumple, es decir, por la conducta asignada a su posición y que debe contribuir al buen funcionamiento del sistema social, delimitado por órganos de aplicación de leyes y, especialmente, por una conciencia de pertenencia y de cooperación.
En los tiempos que transcurren, estamos paralizados por la abierta contradicción en la que creemos estar obligados a vivir. Podemos cuestionarnos lo siguiente: ¿se han vuelto la libertad y la igualdad absolutamente contradictorias? ¿es que acaso debemos elegir entre una riqueza generadora de injusticia y un deseo de igualdad que nos condenaría a la pobreza?
Dada la dificultad de definir esta situación, estamos desorientados y nos condenamos a un estancamiento.
Para que sea factible una solución, es imprescindible, en primer lugar, que haya un debate sobre los fines y los medios para alcanzarlos. Para que tal debate prospere en el nivel educativo, se torna prioritario que los intelectuales rompan el silencio, aún a costa de tener que modificar sus planteamientos. Así se podrá disipar el miedo y la congoja que todos sentimos ante un futuro que parece incomprensible e incontrolable.

TEATRO: JUEGO Y TRANSFORMACIÓN

Retomando experiencias realizadas en la cátedra de Lengua y Literatura del Instituto Superior de Profesorado de Educación Inicial “Sara de Eccleston”, en todas las oportunidades, los grupos de estudiantes tuvieron en cuenta cada una de los elementos del hecho teatral, para ponerlos en marcha como una maquinaria en perfecta sintonía de trabajo en equipo. Es interesante observar el compromiso asumido cuando se aborda la construcción de los personajes, la que requiere una cuidadosa caracterización, la posibilidad de comprender que, en ese momento, se va a internalizar a otro. Esto exige un trabajo de transformación, es decir, una verdadera metamorfosis, en un proceso que transita de adentro hacia afuera; en ese movimiento interno, hace falta no sólo el disfraz, el vestuario o el maquillaje sino también la total compenetración con las emociones, sentimientos, gestos, actitudes, posturas del otro. Esta ductibilidad de la incorporación de distintas vivencias, genera una poderosa capacidad de reflexión, indispensable para establecer contacto con la realidad y para favorecer la comunicación. Jugar a representar un personaje, poner en escena una acción, constituye un amplio despliegue de la imaginación creadora, en donde aflora lo auténtico y lo genuino de nosotros mismos.
El entrenamiento del lenguaje corporal, iniciado a partir de la respiración, relajación, así como también técnicas en el uso de la voz, para dar relieve y realce significativo a los diálogos verbales y no verbales, pone de manifiesto la importancia de la imagen corporal como puente para establecer vínculos con nosotros mismos y con los otros. Necesitamos quebrar el estereotipo del cuerpo, como robot o maniquí, que sólo conduce a que sea considerado como objeto de trabajo y de consumo. Tampoco el cuerpo es solamente esa envoltura que se expresa con sus instintos, ni debe ser visto como un ente fisiológico. El cuerpo, en el teatro, concilia, en su expresividad, aquello que encierra nuestro mundo interior. De esta alianza surge la comunión y la posibilidad de dar vida a nuestras fantasías.
Poner en escena El regreso del joven Príncipe permitirá contribuir con la transformación que la sociedad está reclamando, en tanto prevalece en primer plano el ser frente al tener, desde el enfoque que destacara Erich Fromm a través de sus ensayos y que está presente no sólo en el Budismo y Cristianismo sino también en quienes apuntamos a la excelsitud de la condición humana.

CRISTINA PIZARRO.
Buenos Aires, 4 de diciembre de 2009.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *