Por Vanesa Rodriguez (*)
Inevitablemente a lo largo de nuestras vidas, en la escuela, en el hogar, en la biblioteca, aparecieron personas que generaron en nosotros  encuentros con un nuevo mundo, que nos introdujeron en una nueva organización de sentidos, de pensamientos, en un vasto  camino de deleite interminable. A los que habitamos la literatura puede parecernos un sentir cotidiano, un bienestar al que llegamos de forma mágica, un mundo colmado de colores. Pero habitar este mundo, abrir la puerta que nos saca del espacio gris y nos lleva a donde nos tiñen los colores, no fue simple, ni acogedor, ni placentero, tanto que necesitamos un guía, un “mediador de mundos” que nos alentó en semejante travesía.
El mediador debe ser aquella persona que en algún momento de su historia sintió incertidumbre frente a un texto, que  en ocasiones sospechó  que un huracán arrasaba con las letras de su historia, que caminó espacios grises hasta encontrarse con el texto correcto que lo pintara de colores. El mediador va siempre en busca de otros textos, pero no los lee en cualquier circunstancia, se preocupa por hacerlo en un tiempo correcto,  propicia espacios y situaciones  indicadas para contarlos. No adelanta lo que hay detrás de la puerta, permite que el enigma  despierte algunos temores,  temores que cada oyente o lector  irá disipando, poniendo en juego sus propias estrategias para construir sus propios significados, reencontrarse con viejas lecturas y sentimientos ocultos. En palabras de Graciela Montes, “alentarlos en la aventura de apropiarse de la historia, del sedimento de significaciones, de los relatos, los mundos de la imaginación, los universos culturales, las ideas….” (Montes Graciela, s/f: 9)
En ocasiones el trabajo del mediador será arduo y dificultoso, pues hay lectores que solo abren un tipo de puerta, que se vuelven haraganes, siempre en busca de la seguridad en aquello que conocen, como menciona Montes “se refugiará en un género y rechazará todo lo que queda fuera del género”, (Montes, s/f: 8). Ahí es donde comienza la tarea de remoción para volver al sigilo que provoca el texto en el lector.
Si el texto que ofrece el mediador es el correcto, en las situaciones correctas se revelará la propia historia, incluso se convertirá en eco de la historia de una  sociedad y una cultura determinada y por tanto contribuirá a que el lector vaya construyendo su identidad. Siempre en relación con el otro, como sostiene Petit “sin el otro no hay sujeto, […] el gesto de compartir, el intercambio, de la relación, son la base misma de la cultura. Constituyen la base misma de la interioridad. […] a partir de un movimiento hacia el otro. La base misma de la identidad” (Petit, Michele, 2005: 7).
El mediador es la voz callada, la voz que deja hablar al texto, para que sea oído por cada uno, para que sea interpretado, relacionado, y transformado por cada uno, convirtiéndolo en un acto incuantificable. Si el encuentro es propicio, nos pintará de colores, nos introducirá en el mundo de  libros que flotan a nuestro alrededor, donde nos necesitaran tanto como nosotros a ellos. Donde podremos recuperar nuestra historia y escribirla para que otros también se entretejan con ella.
Busco entre mis historias y recuerdo solo la voz de quien leyó para mí, mi primer texto, esa voz que me situó frente a esa puerta donde hoy esta mi hogar. Ese mediador, una maestra del sexto grado, nada ingenua, tal vez con la misma esperanza con la que hoy leo a mis alumnos, la de enfrentarlos a este inconmensurable mundo de las letras, esperando encender una mecha que arda imperecederamente.
Ojalá todos seamos mediadores de mundos, el mundo antes de conocer la literatura, gris desolado y el mundo después de haber abierto la puerta.
Bibliografía
Montes, Graciela: (s/f) “La gran ocasión, la escuela como sociedad de lectura”. En www.planlectura.educ.ar,http://planlectura.educ.ar/pdf/La_gran_ocasion.pdf [fecha de consulta: diciembre, 2010]
Petit, Michèle: (2004) “Leer & Liar”. Ponencia presentada en el Seminario Internacional «La lectura, de lo íntimo a lo público» XXIV Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil en la Ciudad de México, noviembre de 2004.

(*) Vanesa Rodriguez es profesora de Nivel Inicial, egresada del ISFD 9-002 y cursa la licenciatura en Literatura Infantil y Juvenil en la Facultad de Filosofía y Letras, UNCuyo. Ha realizado cursos de capacitación en promoción de la lectura y talleres de escritura creativa en la SADE- Mendoza. Da talleres de cuento y poesía para niños pequeños y talleres de formación para padres.

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