Por Alicia Origgi (*)

Estamos de acuerdo con Jerome Bruner en que la narrativa “subjuntiviza” la realidad, dando lugar en la creación literaria a “lo que hubiera podido ser”.
Narrar una historia es invitar a ver el mundo como aparece descrito en ella.  Por una parte, la narración postula un mundo posible, pero, por otra, modela a su lector, es decir mediante la operación de lectura la narración se construye  y se incorpora a la experiencia del narratario, modificándole su visión del mundo. Para lograr su efecto la narrativa literaria debe arraigar en lo que es familiar y que tiene apariencia de real. Su misión es volver a conferirle extrañeza a lo familiar, transformar el indicativo en subjuntivo.[1]Stefano  es la  narración de un recorrido por la soñada América de los inmigrantes italianos; pero a la vez permite un viaje al interior del protagonista adolescente que se va construyendo en el transcurso del texto, tejido con polifonía de voces.  La novela reúne fragmentos significativos de una vida que el recuerdo selecciona para delinear las coordenadas del relato.
El paratexto de la novela anticipa la clave de su lectura; la historia comienza con la dedicatoria de la autora a su padre, un partisano que llegó desde el norte de Italia a la Argentina en 1948. Una primera aproximación sugiere que nos encontramos con la reconstrucción poética del pasado paterno. En consonancia,  una cita del poeta italiano Cesare Pavese plantea el tema de la memoria:
Recordar una cosa significa verla- ahora solamente – por primera vez.
Las cosas las he visto por primera vez en un tiempo, un tiempo que ha pasado irrevocablemente.  Si el verlas por primera vez bastaba para contentar (estupor, éxtasis fantástico) ahora reclaman otro significado. ¿Cuál?[2]
La  cita de Pavese se refiere al recuerdo como equivalente  a la visión de los hechos, como una cualidad de la memoria que permitiera recuperar la verdadera visión.  Es paradójico que solo a través de la memoria se presenten determinados acontecimientos con una verosimilitud que supera la confrontación con lo real. En un postfacio que agrega la autora a la última edición se refiere al libro como un modo privilegiado de conocimiento tanto del mundo como de sí misma. 

Stefano es una novela de formación, género nacido durante el romanticismo alemán, donde el héroe se va transformando a través de un viaje, en el que se afrontan diversas pruebas. El argumento de estas novelas consiste en la lucha del héroe protagonista por desplazarse a través de los distintos espacios que presentan obstáculos. Esta estructura parecería ser la más apropiada para el lector adolescente, que también está en pleno desarrollo. En la base de construcción de estos textos subyace una estructura semántica bipolar cuyos atributos encarnan los extremos infancia- madurez en su significado profundo y una acción que representa siempre el esfuerzo de un actuante (adolescente- héroe) por superar ese límite (símbolo de las fuerzas que le impiden crecer).  Para ello el héroe debe diferenciarse de algún modo del campo semántico que lo rodea inicialmente, puesto que si coincide con él o no tiene capacidad para diferenciarse de él, el desarrollo del argumento se torna imposible (no hay “crecimiento”, permanece en la infancia).[3]
Esta organización narrativa coincide con la de los relatos de héroes mitológicos de antiquísima filiación.  Ambos tipos de relato se refieren a una travesía fundamentalmente interior: una separación del mundo conocido, la penetración a una zona riesgosa y prodigiosa al mismo tiempo y un regreso o resurrección en el caso de numerosos mitos y leyendas, en el que el héroe es capaz de dar a la vida nuevos sentidos y dimensión.
Andruetto elige un género tradicional en la literatura, pero como toda gran creadora modula el discurso con procedimientos renovadores, poco usuales en la narrativa argentina dedicada a los jóvenes. La historia opera en dos niveles, un paisaje de acción en el mundo y un paisaje de conciencia, donde se representan los pensamientos, los sentimientos y los secretos de los protagonistas de la historia.  Hay un narrador omnisciente en tercera persona que vive y siente junto con el protagonista, un adolescente de quince años, que viaja desde Génova rumbo a Buenos Aires a buscar fortuna, a comienzos del siglo XX, entre las dos grandes guerras. 
La voz narradora en tercera persona abre el relato con la partida de Stefano. Sus compañeros de aventura, Bruno, Pino, Remo y Ugo, el de la acordeona, se van uniendo camino al puerto.  Génova representa el umbral para el cruce de los mundos, Italia y Argentina.  En ese espacio ritual se instala la presencia del canto: las voces jóvenes entonan canciones italianas con la acordeona y la mandolina. 
El canto en idioma italiano irrumpe en medio del discurso en español, tratando de traducir los sentimientos que ninguno de los que parten se animan a confesar. Las  canciones tematizan la partida a la América, alertan sobre los riesgos del exilio, los afectos que se dejan, los que no escriben, no regresan…
Luego comienza la escisión del relato: aparece Stefano, el protagonista, hablando en primera persona  con Ema, una mujer que desconocemos. El texto plantea un enigma que se irá develando con el transcurrir de la lectura. Se juega con la anacronía, este personaje clave aparece referido en las conversaciones.   La novela se construye mediante retrospecciones o flash back, que  van configurando el pasado del joven  mediante los fragmentos de voces distintas. Este discurso se entreteje con un paisaje anterior, el de Airasca, que está evocado en diálogos que reproducen las conversaciones de Stefano Pronello con su madre, Agnese, antes de partir para América.
No se narra el pasado describiéndolo, la voz narradora toma distancia, se registran las conversaciones en un discurso directo.  Es entonces el lector el que reconstruirála imagen del mundo de Stefano en Italia, un mundo signado por el hambre y la desolación.  Los recuerdos están evocados en diálogos, en donde no hay guión para orientar al lector, la voz de la madre está destacada por negrita. El relato rompe con su discurso la ilusión de un mundo narrativo perfecto y terminado.  El discurso del protagonista  vuelve permanentemente atrás para intentar construir su yo mediante los fragmentos dispersos de su vida de exiliado y trashumante; el lector acompaña el proceso. Desde el capítulo I sabemos que Agnese, la mamá, ha muerto tuberculosa. No interesa el final, parece querer decir la autora con la composición de su novela, lo importante es la construcción del personaje, que va recuperando su yo a través del relato de su peripecia.
Se destacan en el texto dos movimientos, un anclaje en el presente de la narración y una vuelta hacia el pasado, a semejanza del movimiento del mar. Este vaivén se tematiza en el texto:

Ahora que estoy aquí, a tu lado, Ema, y te veo encender el fuego, el pasado regresa como  si nunca se hubiera ido.
Vuelve esta memoria que no acaba…
Vuelve como el agua, y te moja, y me moja.[4]
El agua es el océano que lo separa de su madre patria, y de su madre biológica; alude también al naufragio del barco en donde se salva milagrosamente. Agua, como las lágrimas que ha tenido que derramar ese joven que a los 20 años siente que lo ha experimentado todo.
Ese doble movimiento de flujo y reflujo es el eje de composición de la novela. Lo podemos registrar en un monólogo interior donde el personaje observa preparar la comida en el campo:
En el patio están asando un cerdo.  Mi madre decía: quemar la carne es pecado. Le echan un menjunje que huele a ajo y vinagre.  Mi madre decía: tirar el pan lleva al infierno.  En el hueco de la puerta, entre la galería y la cocina, decía: no derroches la comida; decía: si comes la manteca con los dientes nunca tendrás nada; Stefano no sabe si mirar lo que se asa afuera o lo que la tía Doménica bate adentro, sobre el mesón. [5]
Este discurso opera en dos niveles: por una parte, registra los hechos focalizados desde el exterior del personaje y por otra, da cuenta simultáneamente de la percepción de esos hechos en su conciencia, que recupera las voces de infancia. La bastardilla es el recurso que refiere a la palabra de la madre, que él tiene internalizada. La escasez de comida es el común denominador de estos recuerdos. Este fragmento ejemplifica la construcción de la novela en dos ejes, el nivel de la “realidad” o visión objetiva del mundo, a cargo del narrador omnisciente, en alternancia con los fragmentos de recuerdos del protagonista, que vuelve a su infancia tejida con las palabras de su madre.
A diferencia de otras novelas de adolescencia Stefano enfoca la problemática sexual en su trama, como constitutiva de la personalidad. No elude la iniciación, que describe con realismo:

La mujer que tiene la boca grande habrá leído lo que dicen sus ojos para dejarse tocar así, como ahora se deja, a cambio de nada.  Stefano ha sentido menos miedo en medio de mar que frente a esta mujer que lo ahoga.
¿Qué te pasa?, pregunta ella y él la mira.
¿Es la primera vez?, pregunta ella, y él dice que sí con la cabeza.
Déjame a mí, dice ella, y le toma las manos y se las lleva bajo la falda.
Déjame a mí, repite, y él se abandona, empuñado por ella, la de la boca grande, la que no tiene nombre.[6]
La que no tiene nombre es uno de los importantes personajes femeninos con quien el héroe- protagonista se va conectando. Así también Gina, Lina, Tersa, Chiara y Ema, son figuras claves en la evolución de Stefano.
El personaje crece a partir de los mundos que va abandonando sucesivamente.  Las “aventuras” vividas en los diferentes espacios de la novela, son etapas vinculadas a encuentros que lo van modificando interiormente.
Los espacios físicos de la novela por donde se desplaza Stefano no tienen descripción precisa, están aludidos para posibilitar distintas experiencias, funcionales al crecimiento del protagonista.  Montenievas, representa el campo, su primer trabajo en América, donde vive explotado por el patrón.  Allí encuentra su primer amor y también conoce a un compatriota que hace las veces de abuelo sustituto y le enseña a tocar el saxo.  Esta habilidad le posibilita dejar el campo para unirse al circo junto a Terza, la contorsionista.  Así se desplaza por Argentina. En, Chacharramendi, provincia de La Pampa, “le alcanza” la noticia de la muerte de su madre.
A partir de la  muerte de Agnese se opera un cambio irreversible: abandona el circo y va hacia Rosario. En este periplo intenta cumplir un deseo de su madre que le ha encargado que busque en Argentina, en la ciudad de  Rosario a su amiga Chiara Martino.
Rosario, es el espacio que posibilita la transmutación. Se establece, encuentra a Chiara y conoce a Ema, su hija, de la cual se enamora.  Con Ema se cierra el círculo. Ella es el personaje con quien mantiene los diálogos desde el primer capítulo, quien le dará un hijo, dato que sabemos desde el capítulo 3. Ema, como una moderna Ariadna, acompaña a Stefano a través de los laberintos de su memoria para ayudarlo a reconstruir su vida. El final felizinvolucra al destinatario adolescente y le aporta un mensaje positivo.


Una narración creadora del Yo es una especie de acto de balance. Debe crear por una parte una cierta libertad de elección, una convicción de autonomía.  Pero también debe ponernos en relación con un mundo de otras personas, con familia y amigos, con instituciones, el pasado, grupos de referencia. El texto muestra un mundo real, de privaciones, de necesidades insatisfechas, pero también de gozosas elecciones libres y de disfrute de esas elecciones. En ese mundo incierto es el diálogo el que construye el yo y este es el primer eslabón de una cadena discursiva que une estas voces con voces productoras de otros enunciados, muy lejanos, en espacios y tiempos diferentes pero vinculados por la actividad semiótica que reorganiza las barreras entre lo ajeno y lo propio.
El conocimiento que proporciona el arte correlaciona un saber sobre el mundo representado por el texto con una autoconciencia más profunda del hombre como sujeto individual y como miembro de una sociedad y de una época. El discurso estético posibilita la comprensión de la subjetividad propia y ajena en distintos contextos y situaciones.[7] Stefano constituye una legítima novela de formación que ayuda al lector en su itinerario de acceso a la literatura como discurso social que configura y expresa la experiencia humana.


[1] Bruner, Jerome, La fábrica de historias, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica 2003, pág.27.
[2] Andruetto, María Teresa: Stefano. Buenos Aires, Sudamericana, La Pluma del gato. 2004
[3] Lotman, Iuri, Estructura del Texto artístico, Madrid, Istmo, 1978.
[4] Andruetto, María Teresa: Stefano. Buenos Aires, Sudamericana, La Pluma del gato. 2004, pág.69.
[5] Ibidem, pág. 37.
[6] Ibidem pág. 33.
[7] Silvestri, Adriana:  La creación verbal: el procesamiento del discurso estético, UBA, Estudios de Psicología, vol 23(2), pp. 237-250.
Bibliografía
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Andruetto, María Teresa: Stefano. Buenos Aires, Sudamericana, La Pluma del Gato, 2004.
Andruetto, María Teresa: Texto de la ponencia presentada por la autora en el I Congreso Internacional de Literatura Infantil y Juvenil organizado por el Centro de Propagación de Literatura Infantil y Juvenil (Ce.Pro.Pa.L.I.J.), de la Universidad Nacional del Comahue (Cipolletti, provincia de Río Negro, setiembre de 2001).
Bettelheim, Bruno: Psicoanálisis de los cuentos de hadas. Barcelona, Grijalbo, 1979.
Bajtin, M. M.: Estética de la creación verbal. México, Siglo XXI. 1982.
Bal, Mieke: Teoría de la Narrativa.  Madrid, Cátedra. 1998.
Bruner, Jerome: La fábrica de historias. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2003.
Bruner, Jerome: Realidad mental y mundos posibles.  Barcelona. Gedisa.1998.
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Dolto, Francoise: La causa de los adolescentes.  Barcelona, Seix Barral, 1990.

Eco, Umberto: Lector in fabula. Barcelona, Lumen, 1982.
Lotman, Jurij: Semiótica de la cultura, Catedra,Madrid, 1979.
Lotman, Jurij: Estructura del Texto artístico, Madrid, Istmo. 1978.
Silvestri, Adriana: La creación verbal: el procesamiento del discurso estético, UBA, Estudios de Psicología, vol 23(2), pp. 237-250.
Silvestri, Adriana: Bajtín y Vigotsky:  Teoría del enunciado y concepción socio-cultural del psiquismo, Madrid, Infancia y aprendizaje, 1994.
Este texto fue leído en el Congreso Internacional: “Debates actuales.  Las teorías críticas de la Literatura y la Lingüística”, realizado por el Departamento de Letras de la Universidad de Buenos Aires, en esta ciudad del 18 al 21 de octubre de 2004.
(*) Alicia Origgi nació en la Ciudad de Buenos Aires.  Se recibió de Profesora en Letras Modernas en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Ha ejercido la docencia en los niveles primario, secundario y universitario. En 1989 regresó a la Facultad para cumplimentar la Licenciatura en Letras y descubrió su interés por la Literatura Infantil y Juvenil. Como adscripta desde 1992 al Seminario de Literatura Infantil de la Prof. Lidia Blanco, comenzó a investigar en esta área que la apasiona. Ha realizado el Postgrado en Procesos  de Lectura y Escritura en la U.B.A y
ha participado en numerosos Congresos de la especialidad.