Por Rosita Escalada Salvo (*)

En honor a la verdad, su literatura es para todo público. Pero determinados relatos han sido escritos con un fin premeditado, específico: los destinatarios fueron sus dos pequeños hijos, Darío y Eglé.
Es decir que no lo hizo pensando en un lector desdibujado, hipotético y plural. Tampoco para que ningún padre leyera estos cuentos a la hora de dormir. Ni para que los docentes transmitieran determinados conocimientos sobre una temática regional.
Y, sin embargo, ese fue el destino posterior de sus escritos; y en buena hora.
 Pero no me voy a referir aquí a sus » Cuentos de la Selva» – que ningún niño debería dejar de disfrutar – y sobre los que hay muchos estudios críticos, análisis y comentarios.
 El libro elegido es casi desconocido y no se lo encuentra fácilmente en las librerías, lo cual es lamentable; se trata de una recopilación de notas aparecidas en la Revista » Caras y Caretas» y que luego fueron rescatadas y llegaron al público en una edición de Arca Editorial, Montevideo, con el título  De la vida de nuestros animales.


Son 34 textos sobre animales, árboles y plantas de los montes de Misiones que el mismo Quiroga explica: «impresiones de la naturaleza que en un perdido rincón del nordeste del país, recibimos yo y mis chicos durante diez años».
¿Qué intención tuvo el cuentista genial al registrar las costumbres, los hábitos, las características de la fauna regional? ¿Y por qué no omitió las actitudes y desaciertos del hombre con respecto a los animalitos que murieron al querer domesticarlos?
 Los relatos son verídicos, fuertes, no ahorran detalles y resultan aleccionadores.
 Pero, además, nos transmiten conocimientos que, de otra manera, no tendríamos acceso. Porque, ¿quién vio a un surucuá?

«… el pájaro ofrece, rinde entre las alas el ardiente azul, su garganta, pecho y vientre de púrpura. A lo largo del lomo corren como en escalofrío, verdes ondas metálicas, cuyos cambiantes bronceados no hallan semejanza sino en los muarís del querosene en el agua. Si se vuelve el ave de perfil, destácase en la cabeza un círculo violeta mate.»

 Son protagonistas de estas estampas, en primer lugar, las víboras, pero también la araña pollito, el yaciyateré, el vampiro, la hormiga león con sus artes para atrapar a las víctimas; el cascarudo tanque y su tarea en la cadena alimenticia ya que se nutre de cadáveres de otros animales; la hormiga minera y los tatetos; la avispa colorada, el pique y la ura; el aguará  guazú, los cuervos, la boa, los perros de monte, el puma, el urutaú, entre otros.

Dejé para el final la mención de las ratas de campo:
«La rata de campo es un lindísimo animal, que apenas recuerda a la infecta, oscura y pelada rata de ciudad. Vista desde arriba, es de un color plomizo brillante, gracias a la suavidad y pulcritud de su pelo. Vista desde abajo, parece de plata, por tener blancos la garganta, el pecho el vientre y la parte interna de las patas.»

Y bien sabemos que no se las debe combatir, porque son los depredadores naturales de las víboras.

 De la vida de nuestros animales debería tener tanta difusión como los famosos Cuentos de la Selva, más ahora, que  por fin, parece que estamos tomando conciencia de que debemos defender nuestro hábitat, que las deforestaciones indiscriminadas deben cesar, que muchos ejemplares de la fauna típica del nordeste se están extinguiendo – y de hecho varias especies ya no existen más -. Y que, fundamentalmente, no se puede proteger lo que no se conoce.

 A través de la pluma – o de la máquina de escribir- de este Escritor con mayúscula, cuyos relatos no pierden vigencia con el paso de los años, podemos instruir, deleitar y concientizar a los niños, que son los que, algún no lejano día, tendrán en sus manos y sus mentes la posibilidad de hacer algo por el medio ambiente.
Si es que entonces quede algo por hacer.



También en Cartas desde la Selva (Editorial Gente Nueva, Cuba) reencontramos otros textos de Don Horacio, considerados literatura para niños.
Son cartas poco conocidas, publicadas en “una revista infantil argentina y en un libro uruguayo para adultos”, según Anisia Miranda, que lo prologa.
Son siete cartas. Y comienzan con  la frase: “Chiquitos míos” ; se refieren a animales salvajes cazados por el mismo Quiroga: un tigre cebado, un tatú carreta, un yacaré, una víbora de cascabel; tres cachorros de aguará guazú que Don Horacio intentó criar, desconociendo sus hábitos alimentarios, y un pobre zorrino, víctima de los perros.

Estos relatos no son muy aleccionadores; el tigre americano es una especie en extinción y está protegido. Sin embargo, hay que leerlos teniendo en cuenta la época en que sucedieron. Los tigres cebados con carne humana eran el terror de estos montes. Lo del tatú carreta –también protegido hoy en día– se justifica porque era un alimento muy apreciado, especialmente entre los indios. Y el yacaré cazado por pura venganza pues había devorado a su perro, es en verdad, un relato cruel. Y perdonemos a Don Quiroga cuando afirma que “las víboras todas causan daño”, ya que generalmente no atacan, más bien huyen. Pero en particular esta carta contiene mucha información sobre los ofidios.

Un texto muy interesante es La cacería del hombre por las hormigas; se trata de las que invaden una casa en el monte o en zonas rurales y devoran todo lo que está en su camino, inclusive animales y hasta una persona si la encuentran dormida. Ya Juan Bautista Ambrosetti lo había advertido en uno de sus libros.

Pero, sin lugar a dudas, los escritos de Quiroga a sus hijos, resultan conmovedores y son un verdadero legado para todos los niños que lo lean.

Bibliografía consultada:

Jitrik, Noé. «Horacio Quiroga Una obra de experiencia y riesgo». Arca. Montevideo 1967.

Rodríguez Monegal, Emir. «Las raíces de Horacio Quiroga». Editorial Alfa. Montevideo 1961.

Orgambide, Pedro. «Horacio Quiroga una biografía». Editorial Planeta. Bs. As. 1994.

Quiroga, Horacio. «Los Desterrados». Editorial Losada. Bs. As. 1970.

Quiroga, Horacio » A la deriva y otros cuentos» Selección, introducción, notas y propuestas de trabajo de Olga Zamboni. Ediciones Colihue. Bs. As. 1989.

Quiroga Horacio “De la vida de nuestros animales”  Arca, Montevideo, 1986

Quiroga, Horacio “Cartas desde la Selva” Editorial Gente Nueva La Habana, Cuba. Impreso en Alemania 1990

Ambrosetti, Juan “Supersticiones y Leyendas” Editorial Castellvi, Santa Fe 1967.


(*) Rosita Escalada Salvo es docente y escritora contemporánea, nacida en San Javier, Misiones. Ha publicado obras para niños, jóvenes y adultos (Plus Ultra, Aique Grupo Editor, El Quirquincho, Editorial Universitaria de Misiones y otras). Compaginó varias Antologías de uso didáctico. Traducida al inglés y al portugués.






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